Novela relámpago

 

  1. se conocen los amigos
  2. se admira a las mujeres
  3. se llega a una casa nueva
  4. se entra a trabajar
  5. viaje
  6. Al borde de la muerte
  7. varios de los personajes mueren
  8. se van a Europa
  9. Se van a la playa
  10. vida en la escuela preparatoria
  11. vida en la universidad
  12. relaciones sexuales
  13. ligue
  14. lecturas de novelistas, filósofos
  15. conciertos
  16. prostíbulos
  17. niñas fresas
  18. un robo
  19. una fiesta de droga
  20. conociéndose en las islas (todo lo de la UNAM no es en las aulas, sino a las afueras)
  21. caminando por la ciudad de méxico
  22. primera oportunidad en el fútbol
  23. el muchacho policía
  24. comiendo en la calle garnachas
  25. los padres y hermanos, sobrinos y primos.
  26. redacción de un diario
  27. Uso de Facebook y redes sociales
  28. regresiones en el tiempo
  29. trabajo en una tienda de videojuegos
  30. rompimiento con las novias
  31. un monólogo
  32. me quiero suicidar caminando de mi casa al crater del popocatepetl, alguien me detendrían en el intento de llegar?
  33. teniendo sexo al aire libre
  34. una buena peda en el centro, no pasa nada.
  35. amigos traicioneros
  36. mujeres interesadas, cínicas
  37. una fascinación por Japón
  38. Una fascinación por USA
  39. Una fascinación por Francia y las películas francesas del canal 22
  40. El departamento de David
  41. Sexo en el hotel junto a museo de san carlos
  42. Sexo en la casa de copilco de Angie
  43. Intentando comercializar un videojuego
  44. El chico genio
  45. Hablando de libros
  46. sentado todo el día en la computadora
  47. debemos dejar esta ciudad de mierda DF
  48. rentando para ir a la universidad
  49. la vecina que está guapa pero no me habla
  50. metro de la ciudad de méxico
  51. tenochtitlan, mejor dicho teotihuacán
  52. una mujer desnuda, llorando en el metro viveros a las 11:30 de la noche
  53. videos porno amateur memorables
  54. me caso
  55. los hijos
  56. sexo en la rotonda de los hombres ilustres
  57. niñas indígenas
  58. primer día de universidad sin entrar a ninguna clase
  59. ligando en el metro
  60. premio nacional de documentales
  61. saliendo con una madre soltera que trabaja
  62. conociendo a jonathan reed
  63. nuestros planes futuros
  64. comiendo pizza en la roma
  65. me la he cogido como 70 veces
  66. cursos sabatinos
  67. la búsqueda de la mujer perdida
  68. un detective me sigue
  69. soy una mente creativa
  70. trabajos en mi vida
  71. años noventa
  72. maquinas de insurgentes
  73. encuentro con la homosexualidad
  74. taller de poesía del metro insurgentes
  75. no voy a la escuela y me la paso en cines y parques por la mañana
  76. Haruki Murakami
  77. Miyamoto Musashi
  78. Trabajando en Cancún
  79. el sprignbreak
  80. Haciendo doblaje
  81. Yo nunca seré un virtuosos De león
  82. Convención en Puebla,
  83. Paulina calientahuevos
  84. Chupando con don salud
  85. el pendejo del trampas
  86. aquél cuento leído en el taller que hablaba sobre un capítulo de los simpsons y un matrimonio mexicano arruinado
  87. mi primer empleo como mensajero
  88. la selección de futbol de la prepa
  89. mis viajes como futbolista
  90. las mujeres que he amado
  91. la historia de mi amor
  92. la banda musical
  93. la historia de Joyce Parker y su amiga Liz
  94. Beatriz y sus cuarenta años
  95. Mi amiga Araceli y su manera de coger
  96. en el frontón de san antonio
  97. De madrugada en las Hamburguesas
  98. Aquél viaje a la riviera Maya
  99. Tania Verduzco
  100. Arriesgando la vida
  101. descubriendo el universo
  102. un poco de misterio
  103. la deep web
  104. trabajos por encargo
  105. seduciendo a cougars
  106. la pequeña nena de metro colegio militar
  107. Azalea
  108. Blanca
  109. Fernanda Tapia
  110. Elías
  111. Una carrera entre el bien y el mal,
  112. la huelga de la UNAM
  113. meditación zen
  114. juan carlos
  115. campeonato nacional
  116. La chica dinosaurio
  117. Los amigos invisibles
  118. La ciudad de la furia
  119. Aquí no pasa nada
  120. osito de Taiwán
  121. viaje a Oaxaca
  122. viaja a Guadalajara
  123. viaje a Zacatecas
  124. viaje a Michoacán
  125. viaje a Mérida
  126. El mundo en que vivimos
  127. Una pequeña lección sobre fútbol
  128. Una historia de amor japonesa
  129. Ligando en la biblioteca
  130. Conociendo al meditador
  131. En el bosque
  132. Comiendo con tu hermana
  133. una oportunidad
  134. Se llama Rebeca
  135. mamada en el cine
  136. me gustan las gueras por encima de las morenas
  137. despertando con Nancy
  138. suicidio en el metro
  139. El diario de Cecilia
  140. la mujer guapa, delgada, blanca, joven y vestida a la moda, su cadáver esta a orillas de un río la parte de abajo del agua está intacta, su mano por la parte de arriba está en los huesos
  141. entrenamientos en cuemanco
  142. una madrugada echando desmadre
  143. una final perdida con el equipo de seis
  144. la youtuber de lentes es una perra
  145. un trabajo de cerillo
  146. La academia de San Carlos
  147. La esmeralda
  148. curso conamat
  149. Mi historia de supervivencia zombie
  150. el secreto del aire
  151. los cuentos de Selene
  152. Uno más cinco, siete.
  153. obra de teatro en la condesa, groserías everywhere
  154. no me junto con pendejos
  155. Zaha hadid y la que estudia arquitectura
  156. guardia de seguridad en un antro
  157. divagando acerca de noticias del imperio
  158. divagando acerca de Carlos Castaneda
  159. divagando acerca de la segunda guerra mundial

FINAL

Fiesta

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Por la mañana

 

Es delgada, cabello negro, ojos verdes; viste muy elegante para su edad (16 años) usa lente de pasta gruesa a veces. Hoy me la encontré de frente y ella evitó la mirada. Se podría decir que somos vecinos, pues vivimos a menos de 100 metros de distancia, yo le doblo la edad. 

Usa el cabello corto, lo tiene muy negro y contrasta con su piel blanquísima. Casi siempre anda sola en la calle, a veces la he visto con su madre o con su abuela. Me gusta mucho esa japonesita, así le puse. 

“Eva” de Arturo Pérez-Reverte: la continuación de “Falcó”

Viviendo mil vidas

Eva, Falcó, Arturo Pérez-Reverte, espías, guerra civil Lorenzo Falcó vuelve a la carga en “Eva”, la segunda entrega de Pérez-Reverte sobre este espía

“Eva” es la segunda entrega de la que ya puede considerarse la saga de “Falcó” de Arturo Pérez-Reverte, la cual recibe el nombre de su duro protagonista Lorenzo Falcó, un espía que, en plena guerra civil española, acepta encargos de los nacionalistas a pesar de carecer del mínimo sentido de la lealtad a ningún bando político ni ideológico. En “Falcó” ya conocimos a este buscavidas mujeriego hasta la médula, atractivo y pícaro que nos recuerda a Humphrey Bogart en el cine clásico, gabardina incluida. Soy de las que piensan que estos libros no son, ni de lejos, la mejor obra de Pérez-Reverte, pero su cambio de registro y la maestría para recrear una parte de la historia, hacen que “Eva” y “Falcó” sean lecturas obligatorias para los asiduos del autor, entre los que…

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Adolescencia

uno

 

Te  vi sentada leyendo, en los relieves de piedra braza junto a la biblioteca, tu cabello rubio, tu figura perfecta, tus ojos enormes, tu corte de cabello corto, tu mirada fija, retadora, tus labios humedos visibles a 5 metros, yo sin hablarte, yo siguiendo mi camino, mirándote, mirandonos al unísono. Dos dias antes, tu amiga burlándose de ti cuando yo pasaba.

 

dos

 

María, una joven centroamericana, sabe lo que es sufrir el abuso. Salió de su país con la promesa de trabajar como mesera en un restaurante, pero fue vendida de prostíbulo en prostíbulo. Ahora vive en un refugio para víctimas en México y sueña con convertirse en futbolista.

 

tres

 

Tuve una novia llamada B. que veía una película cada día, estudiaba diseño gráfico en la Ibero y me hacía cartas llenas de dibujos y colores. Me regaló un libro lleno de anotaciones, era Travesuras de una niña malade Vargas Llosa. Le puso su perfume que siempre usaba y el olor le duró hasta tres años después que rompimos Tenía ojos verdes y era llenita. La conocí a los 16 años, era menor que yo, de las novias que he tenido, ella es la que olía más lindo. Nos llevábamos muy bien y yo la quería mucho. Ella ha sido la segunda novia que más he querido. Nos portamos mal el uno con el otro.

 

 

 

 

LA ROSA DE PARACELSO Jorge Luis Borges

 

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.

El maestro fue el primero que habló.

—Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente —dijo con cierta pompa. —No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mí?

—Mi nombre es lo de menos —replicó el otro. —Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:

—Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.

—El oro no me importa —respondió el otro.— Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.

Paracelso dijo con lentitud:

—El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

—Pero, ¿hay una meta?

Parecelso se rió.

—Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que “hay” un Camino.
Hubo un silencio, y dijo el otro:

—Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.

—¿Cuándo? —dijo con inquietud Paracelso.

—Ahora mismo —dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.

El muchacho elevó en el aire la rosa.

—Es fama —dijo— que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

—Eres muy crédulo —dijo el maestro.— No he menester de la credulidad; exijo la fe.

El otro insistió.

—Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.

—Eres crédulo —dijo.— ¿Dices que soy capaz de destruirla?

—Nadie es incapaz de destruirla —dijo el discípulo.

—Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?

—No estamos en el Paraíso —dijo tercamente el muchacho; aquí, bajo la luna, todo es mortal.
Paracelso se había puesto en pie.

—¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?

—Una rosa puede quemarse —dijo con desafío el discípulo.

—Aún queda fuego en la chimenea —dijo Parecelso.

—Si arrojamos esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.

—¿Una palabra? —dijo con extrañeza el discípulo–. El atanor está apagado y están llenos de polvos los alambiques. ¿Qué harías para que resugiera?
Paracelso le miró con tristeza.

—El atanor está apagado —repitió— y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.

—No me atrevo a preguntar cuáles son —dijo el otro con astucia o con humildad.

—Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:

—Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:

—Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:

—Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replicó, tembloroso:

—Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.

Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza.

—Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.

Se arrodilló, y le dijo:
—He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?

Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.

Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. Y La rosa resurgió.