Algo que escribí hace años, seguramente ya perdido

¡Hola!

 

Me encuentro bien, ¿y ustedes?

 

Muchas gracias por las correcciones, reconozco que este cuento es uno de mis textos más experimentales, creo que me di demasiadas licencias, sobre todo en las conversaciones de los personajes. Sobre el personaje de Ernesto y el hecho de que pudiera resultar confusa su parte; considero que es intencional la confusión generada, me explico: El niño azul es un cuento en el que quise jugar con los tiempos narrativos y los saltos que surgen entre una historia y otra, saltos tanto temporales como espaciales. El narrador omnisciente de mi cuento es una especie de “narrador fantasma” que deambula en la misma dimensión (yo lo entiendo así) que el susodicho niño azul. Comparto la idea de Cortázar de un lector “activo” es decir que también aporte en la construcción del relato; en otras palabras, el lector puede interpretar el texto conforme a su propia imaginación, puede retroceder, avanzar, generar y entretejer las historias, pensando que sólo hay un personaje o varios, realmente eso no importa. Desde que terminé el cuento me había cuestionado si era prudente trabajar al personaje de Ernesto como lo hice, creo que puede omitirse su nombre, más no su relato.

 

Finalmente quiero decir que este texto tiene como característica principal su ambigüedad, me pareció pertinente extrapolar los conceptos de cruces temporales y espaciales, contactos con otras dimensiones y fantasmas, con el hecho de hacer una narración de cortes oníricos o un tanto surreal si me permiten el término.

 

Como sugerencia podría poner al inicio del cuento un epígrafe que sugiera la lectura de un texto que no busca ceñirse a las normas convencionales, que el lector infiera que leerá una especie de experimento narrativo que quiere jugar con la imaginación de quien lo lea:

 

 

El epígrafe sería el siguiente:

 

 

“La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.

Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá.

Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía?

Para eso: sirve para caminar.”

 

Eduardo Galeano

 

 

Les agradezco su atención a mi persona, ojala me permitan seguir participando con más cuentos en el futuro, ¡me encanta su proyecto! Hasta pronto.

O. F.

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