La tradición de los viernes

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Millán (olvide su nombre de pila) era un muchacho que trasfirieron a mi grupo en el segundo año de secundaria. Era popular, hacía reír a todos y su altanería nos parecía agradable, no fui su amigo pero platicábamos de vez en cuando, el me retaba en cada oportunidad que tenía, una vez me retó a jugar fútbol y yo le dije que sí, recién mis padres me habían dejado andar en la calle solo y cualquier oportunidad para hacerlo me emocionaba demasiado; le dije que el viernes siguiente estaría perfecto, a las cuatro en el deportivo que estaba a dos cuadras de la escuela. Sólo me retó a mí pero terminaron yendo casi todos los muchachos del salón, la reta fue muy divertida, yo gané según recuerdo. Me pidió la revancha y acepté. En la semana todo el salón comentaba la reta del viernes pasado, el siguiente viernes fueron casi todos los chavos del salón, hasta los que no jugaban fútbol, ellos se iba a jugar básquetbol en otras canchas del deportivo. El tercer viernes empezaron a ir algunos weyes de otros salones, incluso unas cuantas viejas, de nuestro salón casi no iba ninguna, salvo un par, feas ellas. El chiste es que las retas ya no solo eran entre mi salón sino contra uno de los otros salones del grado. En esos tiempos se podía usar la gran cancha de soccer y nadie decía nada. En ésa segunda reta ya jugamos once contra once, yo metí un par de goles, el Lobo ni sabía jugar y tiró desde media cancha a lo pendejo, le metió un autogolazo al ángulo al enano, que hasta se aventó como Jorge Campos. Todos reímos mucho, saliendo de jugar nos parábamos a tomar refrescos en una tienda cerca de mi casa. A los tres meses ya era una cosa incontrolable, prácticamente toda la secundaria iba los viernes a estar en ese deportivo, chavas de tercero de otro grupo, niños de primer año, ya había retas de básquetbol completas. Retas en la cancha de fútbol grande, mini retas de fút en las canchas de voleibol, todo el deportivo para nosotros.

A comienzos de febrero del siguiente año el deportivo parecía una fiesta, ya iban incluso muchachos de otras secundarias, y jugábamos equipos de escuelas contra escuelas, a veces no me dejaban jugar a mí… Millán ya tenía meses que no iba. Ya había desafíos de baile, de breakdance en las canchas de voleibol, parejas de novios se hacían en los viernes de fút, como les decíamos, muchachas gritándonos Uuuuuu! A los que jugábamos, nos daba pena y las ignorábamos. Hasta los más barrio ya llevaban cigarros y una que otra caguama o new mix. La moda que comencé yo y el Millán duró un par de años más, el tercer año como iba a cursos para entrar a la preparatoria tuve que dejar de ir a los viernes de fút, ya iban chavos de segundo y primer año y luego oía en el receso que comentaban los partidos que habían tenido el viernes anterior. A veces paso por ese deportivo en viernes como a las cuatro o cinco de la tarde, y luce vació, unos weyes fumando mota en las canchas de básquet, algunos niños jugando en la cancha grande, dos o tres máximo. Las canchas de volei vacías, y gente corriendo alrededor del deportivo. Quién sabe qué hagan ahora los chavos que actualmente asisten a mi secundaria los viernes; tal vez tengan sexo, tal vez estudien en sus casas, tal vez jueguen 360 o play. Quizá van a otro deportivo.

 

AP

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