CITA POSTERGADA

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Un hombre me ha contado su historia mientras esperaba a Valentina. Yo estaba sentado en una banca en la Plaza de la Conchita, aquí me veo con ella después de salir de trabajar. Un viejo se me acercó. Me vio leyendo un libro de cuentos de García Márquez.

─¿Qué lees? Yo también admiro al Gabo

El mar del tiempo perdido, le respondí,

─ No lo he leído. Se sentó junto a mí sin pedir permiso.

─¿Esperas a alguien?

─Sí.

─Sabes, yo acabo de venir del mar y me pasó algo raro, estuve en Acapulco, se soltó el viejo a platicar.

 

Estaba a punto de levantarme y dejarlo ahí sentado cuando Vale me llamó, me dijo que la disculpara, que tenía trabajo extra y saldría media hora más tarde. El tipo me ofreció un cigarro.

─No gracias, no fumo. Quizá no habría advertido mi incomodidad, pero me gustó su amable manera de iniciar una plática y el hecho de que tenía una historia de mar, así que decidí esperar a Vale mientras escuchaba lo que me tenía que contar aquel anciano. Total, viejos locos que te cuentan sus payasadas no te los encuentras todos los días.

 

A grandes rasgos me contó que había ido a una excursión pero que lo había pasado mal cuando se perdió.

─¿Se perdió?

─Sí, pero no te preocupes, no pasó nada extraordinario. Sólo dormí en la playa una noche y me fui de putas aprovechando que mis familiares no estaban

 

─¿A su edad?

─Sí, así como me vez todavía aguanto.

 

Me empezó a caer bien este viejito.

─¿Y por qué se regresó tan pronto? Se hubiera quedado más días.

─Es que no recuerdo nada más después de que me acosté en la playa, me secuestraron después de eso.

─!Caray!, qué fuerte, de veras no me está vacilando?

─No, te lo juro.

 

En este punto algo me olía mal, había algo extraño en aquel viejo. Me empecé a recriminar el por qué no me había largado cuando me habló este señor.

 

─No te espantes, me dijo. Mira yo sólo quiero que me des tu cartera y tu celular. Ah, y también tu libro.

 

Abrió su saco y me enseño una pistola. Sentí una opresión en el pecho, cosas en la garganta. ¿Qué chingados está pasando? Mi celular empezó a sonar, era Valentina, la reconocí por el tono que le tengo asignado.

 

─Contesta, me dijo el viejo.

─No, le respondí.

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