Lo que sucedió mientras hablé con Mariana

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                                                                           I

 

‒Cállate estúpida, ‒Le dijo su madre a Elisa. De inmediato la abofeteó mientras seguía reprochándole el haberla descubierto mientras le hacía sexo oral a su novio. Víctor, por supuesto había escapado por la ventana, corría descalzo, sólo vestía unas bermudas verdes. Estaba pelón.

 

Mariana me contó que un día antes,  mientras caminaba hacia el trabajo, un niño le aventó agua en las piernas, el niño tendría unos cinco años, estaba corriendo y riendo al tiempo que su madre conversaba con una amiga, sosteniendo la correa del perro pastor inglés gigante. Mariana se molestó al principio pero no le dio importancia. El niño parecía feliz y mimado. Faltaban todavía 15 minutos para ingresar a la oficina y podría fácilmente secarse en algún restaurante o tienda de conveniencia. Al entrar al baño de la tienda, Mariana notó que la regla le había bajado, iba preparada, pues estaba en las fechas aproximadas. Tomó una revista de espectáculos, tomó un chocolate y algunos dulces, pagó y se fue a su primer día de trabajo. Todos la trataron bien, parecía que los requerimientos del programa de computo que tenía que aprender ése día no eran bastante complicados o quizá algún compañero de la oficina le ayudó. Salió a comer, conoció a sus colegas, salió una hora temprano y se fue directo a su casa. Por la noche me conoció y nos fuimos a un hotel en 45 minutos. Mariana siempre me recuerda ese martes. Para mí también fue memorable. Debí haber dejado de hablarle enseguida, y ya no volverla a buscar.

 

 

 

 

II

 

‒Ok, vamos a ver. Necesitas escribir una novela ¿no es así?

‒Ajá.

‒Y de qué quieres hacerla, ¿Cuál va a ser la historia?

‒No lo sé

‒Si no lo sabes es que todavía no tienes el interés en hacerla, cuando tengas un idea precisa me hablas. Adiós.

‒No, espera.

‒Adiós Genaro.

 

Genaro salió de la cafetería las tres ranas, sita en la condesa, no tenía otra cosa que hacer esa mañana así que decidió caminar sin rumbo, hasta encontrar un cine o una librería, o por lo menos un centro comercial donde pudiera leer revistas gratis. La idea la tenía, había estado rondando en su cabeza por años, pero no podía lograr resultados palpables, le parecía demasiado pretenciosa y juvenil como para exponerla, tal vez debía de trabajar más su novela o puede que reinventarla o tirarla al fuego o al basurero. No era Kafka, no podía permitirse esos lujos. Sin embargo pensaba que tenía un gran avance (30 cuartillas de descripciones) y los dos años que le costó fraguar el concepto no podían desperdiciarse así como así.

Un hombre repartía publicidad en la calle, «él tiene trabajo y yo no; mis padres pueden restregarme todo lo que quieran», ‒decía para sus adentros. Mi inactividad laboral y mis inexistentes aportaciones económicas a casa. La beca se estaba expirando y la novela no estaba terminada. ¿Qué haré entonces? Se preguntaba Genaro.

¿Habría sido un error optar por las letras en lugar de las artes plásticas?, en el papel luce más difícil convertirse en escritor que en un artista visual exitoso. En la realidad no podría saberlo. En las dos carreras se pasa hambre, eso es seguro.

 

Esto era lo último que había escrito en su libreta de apuntes:

 

*Construir la anécdota sobre el botánico alemán que engañó a medio mundo científico con una historia (inventada) de los roedores que habían desarrollado extremidades en la nariz y que caminaban de cabeza, en un archipiélago en Oceanía destruido por pruebas nucleares, incluso llegó a publicar un tratado sobre esta especie, bajo un nombre anónimo.

Ese es un buen apunte para la novela –pensaba–, quizá como una curiosidad salida del bagaje cultural de alguna chica sabelotodo que sea protagonista y con ínfulas de grandeza.

 

III

 

Mariana estaba escuchando aquella chica, de los fresones rebeldes, me dijo que esa canción le hacía recordar el año 2005 y sus primeros años de universidad. Yo por entonces no tenía novia, ella dice que pasaba a desayunar siempre a mi facultad, jamás la vi, pero dice que asocia esa canción de los fresones con las maquetas gigantes que le llamaron la atención en febrero de aquél año, y de las cuales yo fui partícipe. Yo me juntaba con unos pendejos, unos seudo amigos y lo que recuerdo con más frescura eran las fiestas, las cáscaras de fútbol, el desmadre que echaba, las entregas y las desveladas. Siempre tenía mucho sueño porque casi no dormía, me gustaba Alma Verduzco, tenía el cabello oscuro, la piel muy blanca y un piercing en el labio inferior, unas cejas hermosas que me encantaban. Ella jugaba fútbol y era de las mejores estudiantes en mi taller, sus maquetas eran increíbles.

Por su puesto que no olvido las fiestas locas a las que iba con los weyes esos; algunas eran en Coyoacán, otras en Tlalpan, otras en San Ángel o en los bares de las inmediaciones de la universidad, nunca ligamos, bueno, sólo una vez, con unas chicas de prepa 6, las besamos & por lo menos yo me cachondee súper rico a esa niña de 16 años, ¿Brenda?, tal vez Marce… ya no recuerdo su nombre. Las volvimos a invitar a salir y no quisieron o no pudieron porque iban por ellas, luego les volvimos a hablar y ya no nos contestaron. En esos tiempos no escribía ni madres, a penas y leía un par de libros al año, pero vaya que veía cine. Buen cine.

 

IV

 

‒¿Entonces te han corrido de tu casa? Me dijo ella después de quitarse los audífonos.

̶ Sí. Sucede que ya me manifestaron mi nula productividad y mi escaso aporte a los gastos corrientes de la casa.

‒ ¿Por qué no te metes a trabajar?

‒No quiero abandonar mi sueño de ser escritor. Confesé.

‒Perdóname que te lo diga, pero no seas tan flojo, qué acaso quieres que las oportunidades vengan a ti sin que tú muevas un dedo. Ya has tenido varios fracasos y abandonos, es lógico que se enojen contigo.

‒Disculpa, no he podido superar la muerte de C. ¿por qué te pido disculpas? Yo hago lo que me plazca sin dar cuentas a nadie.

‒Haz lo que quieras cabrón, yo sólo te di un consejo –no solicitado– pero consejo al fin y al cabo. Hazle caso o no, tú sabes lo que es mejor para ti mejor que nadie. Pero cuéntame, ¿Qué avance llevas en tu novela?

‒Digamos que estoy en el proceso creativo todavía, configurando algunas situaciones, el hilo argumental todavía no está definido, pero ya tengo varios personajes.

‒Creo que la Administración no me da esos problemas, jaja pero quizá hubiera sido mejor dedicarme a escribir como tú.

‒Tus padres no te lo hubieran permitido.

‒Puede que tengas razón Genarito.

 

V

 

Gente las hay de todos tipos: mira el caso de esas viejas que están sentadas allá, yo las conozco, las he topado en raves, nomás quieren estar cogiendo las cabronas y se hacen bien pendejas, pero como están hermosas, todo el mundo se pone de tapete ante ellas. Por ejemplo una prima que tiene poco tiempo en la ciudad, es de Veracruz. Es muy guapa y está buenísima, muy pálida y pecosa pero no se ve mal, al contrario; tiene el cabello color café oscuro, ojos  almendrados y siempre usa faldas, se llama Oriana, otra cosa que me gusta de ella es su cabello negro; negro, quebrado y oloroso. Tiene una voz fuerte, sonora, se ve que es cabrona. Estudia comunicación, pero se quiere cambiar a filosofía, ¿de qué va a vivir?  Quién sabe, pero pendeja no es, ya se agarró un vato que la trae y la lleva y hasta le compra cosas, típico de las que estudian MMC y que al mismo tiempo trabajan en CMBR (cojo y mamo bien rico) al rato se agarra un cabrón que la mantenga mientras ella hace maestrías en Europa.

‒Jaja, criticas y estás igual o peor; ya deja de estar de pinche ardido y contéstame ¿hasta cuándo van a estar con esas mamadas? Según están cobrando beca los cabrones, tú y tus dos amigos pendejos, no sé como chingados consiguieron ganar la beca, de veras, debieron haber plagiado los cuentos o los tradujeron del sueco o se la mamaron a los putos que decidieron esa madre. Pinches pendejos, nomás se la pasan en los antros y cogiéndose a viejas bien feas, bien arañas. ¿Cómo es la vida verdad? Tú y esos weyes sin esfuerzos se la llevan bien a toda madre, de fiesta en fiesta, de culo en culo y nadamás no se preocupan por nada. Pero al rato van a valer verga putos, en cualquier momento les pegan un pinche balazo en la cabeza.

‒ Jaja ¡A huevo! Mi caso es diferente wey, para de mamar y ya vámonos al partido que ya se hizo tarde.

 

VI

 

La vida del estudiante es rara, tienes muchas oportunidades y a la vez no tienes nada; mi caso es perfecto para ejemplificar: tuve pocas novias, si no es que sólo un par de los 15 a los 20; de los 20 a los 30 sí cogí mucho, muchísimo diría yo, de unas 40 muchachas alrededor; pero sólo dos o tres eran muy muy guapas, las demás no tanto o sólo por coger a alguien, pero eso se los cuento después.

En el aspecto laboral no me quejé, siempre había algún trabajo disponible, bueno lo que pasa es que si no eres mamón y le entras a lo que sea nunca te va a faltar que tragar. Esa lección la aprendí tarde y a la mala, por mis pinches ínfulas le hice daño a mucha gente, por querer abarcar todo en tan poco. Los sueños se cumplen, pero nunca en el momento o el año en que tú los planeas, es difícil agarrarle la medida a la vida, a la juventud mi buen. Toma éste consejo carnal: échale ganas y no proyectes tus metas en otras personas. Está chingón que vengas y me pidas consejo, no hagas caso a los pinches envidiosos mediocres que critican, y escucha, para bien la oreja: deja el pasado atrás, solo contémplalo pero no lo analices, avanza y progresa de a poco. Yo a base de mucho esfuerzo he logrado hacer mis cosas, cumplir una que otra meta, es ingenuo creer que las cumplirás todas. Sé constante y persistente, trabaja mucho y las cosas llegan solas. Ahora estoy bien, te diste cuenta de que ya casi no platico de Mariana. He podido dejar de pensar poco a poco en ella, pobrecita, trato de recordarla con cariño, muy de vez en cuando, sólo los buenos momentos. Ojalá no la hubiera encontrado ese día, a la mejor no la atropellaba ese pelón hijo de puta.

 

AP

 

 

 

 

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