Lía

 

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Soñé dentro de un sueño que estaba todavía en las fuerzas básicas del Atlante, que mi entrenador era Martín Romero, y que salíamos todas las categorías juntas a un convivio o fiesta en la zona boscosa del Estado de México. Eran finales de los noventas, por alguna razón el grueso de los jugadores de mi escuela de fútbol que iban a esa comida eran de generaciones menores a la mía, rondaban los 14 o 15 años, por alguna razón mi equipo (la generación correspondiente a principios de los ochentas) no asistió, quizá tendrían un juego importante. Yo era el mayor de los muchachos que asistían a la convivencia, tenía 20 años y era presa de burlas y cuchicheos de indiferencia. Pero no sólo era una convivencia para futbolistas novatos, había muchas escuelas y mucha juventud (había muchachas también) en las mesas dispuestas para los comensales, calculé unas dos mil personas en aquel colegio rentado para tal ocasión. Debo reconocer que el colegio era de ultra lujo, o por lo menos así me lo pareció a mí, tenía salida a un pequeño bosque, albercas, gimnasios, un patio inmenso donde nos sentaron a los miles que acudimos ese día y una serie de edificios de corte colonial pero a escala gigantesca.

 

Mientras comía los escuetos guisos que nos sirvieron, sentí miradas indiscretas de parte del numeroso grupo de chicas sentadas junto a la comitiva del club Atlante, a pesar de que el bullicio estaba en su máximo esplendor y que los gritos (de niños al fin y al cabo) y rechiflas no podían controlarse mientras no llegara la comida. Lo raro es que casi ningún grupo interactuaba con otros, no lo había mencionado, pero al parecer había varias decenas de escuelas privadas, institutos, centros deportivos, culturales y hasta colegios militares se habían dado cita en dicha celebración, tal vez era el día del niño o del estudiante, pero ¿qué pintaba un equipo de fútbol juvenil ahí?, por lo demás éramos el único según vi. Quizá mi sueño era una versión de México como potencia mundial, o tal vez no estaba en México, ni a finales del siglo XX, o fuera otra dimensión ¿y no era un tiempo/sueño?

 

Una muchacha de tez blanca y cabello negro me hizo plática, ¿ustedes de qué equipo son? Del Atlante, le respondí con un poco de pena pues era muy hermosa, para mis gustos. Me llamo Lía ¿y tú? Me llamo M. Es un nombre muy común, dijo ella, pero me gusta, no me lo dijo pero yo sabía que tenía 15 años, seguimos comiendo sin hablar, al terminar la comida hubo música en vivo y no la volví a ver. Me arrepentí de no continuar la plática, ella no me buscó en los bailes, pero al salir de aquella escuela, nos miramos y sonreímos mientras esperábamos los autobuses. Traía un uniforme blanco de chef.

 

Cuando abrí los ojos, Paulina estaba encima de mí, montada en mí, desnudos, haciendo el amor, en un hospital, la puerta estaba abierta y alguna enfermera nos miró horrorizada, pasaron dos doctores más antes de que entrara una monja. Yo sé que ustedes han tomado los votos y están próximos a casarse, dijo, pero no es motivo para que hagan semejante atrocidad en un lugar como éste, continuó. Me moría de pena y sólo podía pensar en Lía, se transparentó su rostro en el rostro de Paulina, aunque Pau tiene el pelo rubio y los ojos verdes, la mirada era diferente y la sonrisa era parecida, pero veía los dos rostros, como si fuera un cuadro cubista hecho en acuarela.

 

Cerré los ojos y tuve una eyaculación, desperté.

 

 

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