La Melancolía de Adelayda Alanís

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Al terminar la jornada laboral, mientras cierran el local, Antonio le dice a Adelayda que le ha gustado su actitud seria y trabajadora, «todavía no conoces bien los precios y creo que no sabes nada de videojuegos, pero no te preocupes, yo te enseño». Adelayda está muy cansada, le duelen los pies, las rodillas, no está acostumbrada a estar tantas horas parada. No dice nada, se aguanta, esperar la primera quincena de paga será un martirio, pero bueno, ella quiere independizarse y salirse de su casa, aunque por lo pronto, esta posibilidad se ve lejana, ¡Pero por algo se tiene que empezar puta madre! Antonio, al despedirse de ella le da un beso en la mejilla, ella lo toma normal y no se inmuta, “quizá sea así se cordial con sus empleadas” piensa, pero ella es la única trabajadora, los demás son hombres y faltaron al trabajo. El primer día fue muy pesado, no pudo irse por la tarde como le habían dicho, en fin, hizo el turno de diez horas completas, su novio casi no contestó sus mensajes y de hecho no quiso recogerla. Adelayda sospecha que la está engañando, este comportamiento no es normal, pero ni siquiera ha tenido tiempo de pensar en eso, la emoción de la semana y de saberse con el trabajo la ha mantenido ocupada. Su novio sí que la acompañó cuando fue a preguntar sobre el trabajo, habían celebrado juntos en un bar apenas la semana pasada y todo parecía genial. Ella no entendía lo que pasaba y al llegar a su hogar, su madre la regaña y la humilla, para variar, sobre su irresponsabilidad en los estudios y en los quehaceres de la casa, ella sólo contesta que ya es mayor de edad y que la dejen hacer su vida. Se encierra a su cuarto a llorar y a escuchar música. Faltó a la escuela ese viernes y mañana vuelve a trabajar ocho horas por lo menos, no quiere ni acordarse y mejor se duerme temprano. El cansancio hace que casi de inmediato concilie el sueño, contrario a lo que sucede casi todos los días cuando ella se acuesta y se pone a pensar en su pasado, en lo que ha hecho durante el día, particularmente le gusta recordar las conversaciones interesantes con su novio o amigas.

Durante la noche, Adelayda despertó para ir al baño, había dejado encendida la televisión, la computadora y el celular. Colores primarios resplandecían en la oscuridad de su cuarto mientras ella se sentaba en la cama para despabilarse un poco. Apagó todo antes de ir a orinar. Sus padres y hermanos dormían, su familia no era pobre, más bien clasemediera, no obstante ella era la única de la familia que tenía cuarto propio. Cuando terminó, se miró en el espejo, era una noche calurosa y sus pezones se notaban erectos por debajo de su camiseta blanca con estampado de una serie de animé; mientras miraba su reflejo, le pareció extraño su cabello castaño casi verde sobre su rostro, le gustaba su cabello pero mientras lo veía y se lo acomodaba por detrás de las orejas tuvo la sensación de un Déjà vu. Recordaba una escena similar en el sueño que acababa de tener: alguien la estaba viendo así, o más bien era ella quien se veía así misma desde las alturas; estaba acostada boca arriba, encima de un pasto descolorido, alguien tocaba sus senos, acariciaba sus pezones, estaba desnuda y recordaba una mano masculina de color mestiza. Los colores se veían influenciados por la luz del Sol, pues estaba atardeciendo y el horizonte podía divisarse en una de las escenas del sueño. No se podía ver nada más de la persona que la estaba manoseando además de su mano, pero por la fuerza y composición de aquel brazo, podría intuirse que era un hombre, quizás un muchacho bien parecido, musculoso. Luego oyó una voz, era una voz familiar, pero no podía reconocer de quién era. Le decía que no temiera, que la quería, que creía en ella, la mano subía por su cuello, por su boca y sus ojos, los dedos recorrían el cabello verde al tiempo que murmuraba su nombre, Adelayda, Adelayda. Un dedo, el de en medio se metía en su boca, podía saborear ese dedo. Después de eso el cielo despejado de aquel campo se llenaba de nubes color morado y comenzaba a llover, la mano se aleja, ella queda así, desnuda con las gotas de lluvia mojando toda la blancura de su piel, ella seguía mirándose desde arriba, se decía así misma que despertara (sí, era ella quien observaba) se decía que abriera los ojos, pero con una voz infantil. Ella se despierta en otro sueño, ahora está vestida, muy informal pero sin traer nada que llame la atención. Ahora está en la entrada de un edificio de apariencia antigua, del siglo XIX. Tiene un reloj encima de la puerta, no puede reconocer la hora. En la esquina derecha un muchacho la observa y la invita a acercarse, su cara no puede verse pero viste una chamarra de cuero negro y un pantalón de mezclilla entubado. Va descalzo, justo cuando toca su mano Adelayda despierta, esta vez en su cuarto, en el mundo real. Mientras recordaba esto al mirarse al espejo, se da cuenta de que está muy húmeda, el sueño de alguna forma la excitó, después de limpiarse, regresa a la cama, en cinco minutos se vuelve a dormir.

Al despertar, ya no recuerda ningún otro sueño diferente al que revivió al mirarse en el espejo del baño, ya esta amaneciendo, son casi las siete de la mañana, Adelayda se mete a bañar inmediatamente, sus padres duermen y sus hermanos ya no están, Alex no llegó a la casa y el pequeño Jorge (tiene 16 años) ya se fue a su viaje a Cuautla con su novia. Después de desayunar fruta y un yogurt se viste, utiliza media hora su computadora, revisa sus correos y sus redes sociales y se va a trabajar. El centro comercial abre a las 11 de la mañana y el local de videojuegos a las 11:30. Al salir de la casa, su madre le dice que deje ese trabajo, que se enfoque en sus estudios,ellos la apoyarán. “No quiero mamá, me gusta mi trabajo y estoy haciendo amistades nuevas y me van a pagar bien –mintió–, y me va a dar tiempo de estudiar también” dicho esto cierra la puerta y se marcha.

En su mochila lleva su uniforme de trabajo, que consiste en una camiseta negra y una gorra roja con blanco, con estampados de personajes de Nintendo y Playstation, esperará a ponérselo una vez dentro de la tienda; un libro de poemas de Paul Valery que le regaló su mejor amiga, su celular y un desodorante, además de toallas de higiene íntima y dinero en morralla para los pasajes. Mientras viaja en el metro escucha unas cuantas canciones de The killers, su grupo favorito en inglés, de David Bowie, algunas canciones de enrique Iglesias y un poco de música instrumental de Phillip Glass, al parecer su repertorio musical es variado, sólo repite una canción, El aire, de Sidharta, la lleva en la mente desde unos días, su música le resulta relajante y su letra, acorde al momento el que está pasando en su vida:

 

Aire, antes de irnos, al despedirnos, hay que olvidar. / Aire, antes de irnos, al despedirnos, hay que olvidar.

 

Mira su reflejo por la ventana oscurecida en el túnel del metro, sus labios se ven distintos, nota que un señor la observa desde el otro extremo del vagón. Se ríe. Al llegar a la estación Zapata, observa en su celular que ya son las 11:34 am., ayer no llegó tarde, espera que el dueño o sus superiores no le reprochen la impuntualidad, si se apura llegará a las 11:40. Prefiere caminar despacio. A pesar de lo que le dijo a su madre ya no le importa si la despiden. Cuando llega ve a Miguel acomodando cajas de juegos de 360 y le dice que disculpe la tardanza. No te apures, contesta él. Le dice que le dará una llave para que también ella abra cuando sea la primera en llegar, le enseña a levantar la cortina de hierro. Pasadas unas horas, Antonio regaña a Miguel por teléfono mientras Adelayda anotaba datos en unas hojas de Excel en la computadora, al terminar de hablar no perdió la oportunidad de desquitar su coraje con ella. ¿Qué son esas maneras de atender al cliente, todavía no aprendes bien las preguntas que tienes que hacer?, tienes que preguntarle por los juegos que busca, por sus intereses, si ya ha comprado con nosotros, que aquí también recibimos cambios y compramos los juegos usados. ¡Todo eso lo tienes que decir Adelayda! Adelayda le dice que ya le preguntó si le podía ayudar en algo, pero el cliente solo estaba viendo. El cliente se va.

 

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